Por Laia Viudez Mesa -Copy junior de Amor de Marca-
¿Quién tuvo la suerte de encontrar hace unos meses una McGranja en FarmVille? Yo fui una de esas usuarias de Facebook que la visitó y se benefició. Estuve toda la tarde ayudando a McDonald’s a plantar tomates y semillas mostaza para ganar puntos McCafe que incrementaron mi producción. Además me convertí en la envidia de todos mis vecinos por lucir un globo de la marca. Seguro que esta acción publicitaria no interrumpió a ningún jugador en su partida habitual tal y como nos puede molestar un emplazamiento publicitario en nuestra serie favorita. Incluso, en la mente de todos los seguidores de Farmville se mejoró la imagen de marca de McDonald’s.
Tras una rápida evolución del videojuego, desde sus inicios en 1970, hasta su máxima extensión en las dos últimas décadas, nos encontramos ante un negocio lúdico que se ha convertido en un fenómeno de la comunicación publicitaria. La aparición de los videojuegos electrónicos, digitales y online junto al gran número de consumidores de los mismos, han logrado que este medio se convierta en el punto de mira de las empresas. Porque ¿qué puede ser más atractivo que ver aparecer sus productos o marcas en un videojuego con millones de seguidores?
Millones de usuarios que, según diferentes estudios, corresponden mayoritariamente a un público con edad de 35 años; aquellos que crecieron jugando a los videojuegos y que hoy se han convertido en consumidores potenciales. Así que nos encontramos delante de una revolucionaria estrategia de marketing viral y recreativo, el advergaming (advertainment + in game). El advergaming consiste en la inserción de la marca como protagonista de un videojuego centrado en ella. El jugador de un advergaming podrá encontrar reflejada la imagen de la marca de tres formas: como una inserción publicitaria en los espacios óptimos del juego (product placement) que aportará más realismo a la partida, como protagonista del propio juego o como herramienta clave para lograr los objetivos del videojuego.
El advergaming logra grandes impactos gracias a la interacción que se consigue entre el target y el anunciante, por el hecho de que el usuario pueda pasarse horas, meses, incluso años, jugando a un advergame. Nos encontramos ante un medio no convencional que está afectando al nivel de impacto de los medios tradicionales, porque difícilmente una persona se quedará mirando un anuncio de una revista o un banner durante más de 3 o 7 minutos. Además, la abusiva proliferación de anuncios durante los contenidos de los programas de televisión aleja a los espectadores aún más de la publicidad convencional.
Como vemos, un videojuego no es un simple juego para niños, sino que va mucho más allá. Se trata de un espacio virtual donde las emociones recreativas se alían con una estrategia publicitaria de lo más efectiva. Así que el advergaming, gracias a una mayor implicación con la marca y su mensaje, está muy cerca de ganar la partida a cualquier medio “above the line”.

